Normativa Europea Lot 9: Potenciando Eficiencia Energética

La eficiencia es un concepto clave dentro de las fuentes de alimentación, ya que determina el grado de aprovechamiento de la energía eléctrica que se suministra a un dispositivo. Para entender mejor qué es la eficiencia, podemos imaginar una fuente de alimentación como una máquina que transforma la energía eléctrica de la red en otra forma de energía que pueda utilizar un ordenador. Sin embargo, esta transformación no es perfecta, y parte de la energía se pierde en el camino, principalmente en forma de calor. La eficiencia nos indica qué porcentaje de la energía que entra en la fuente de alimentación se convierte en energía útil para el ordenador, y qué porcentaje se desperdicia.

Para medir y comparar la eficiencia de las fuentes de alimentación, existe un estándar internacional llamado 80 Plus, que establece una serie de niveles de eficiencia según unos criterios definidos. Estos niveles son: Standard, Bronze, Silver, Gold, Platinum y Titanium, siendo este último el más eficiente y el primero el menos eficiente. Cada nivel tiene unos requisitos mínimos de eficiencia a diferentes cargas de trabajo.

Las fuentes de alimentación que se emplean en los servidores y cabinas de almacenamiento suelen tener un nivel de eficiencia 80 Plus Platinum o Titanium, ya que estos dispositivos consumen mucha más energía y funcionan las 24 horas del día. En estos casos, una mayor eficiencia supone un ahorro significativo en la factura eléctrica y en la refrigeración del sistema, lo que compensa el mayor coste inicial de las fuentes más eficientes.

En la siguiente tabla vemos el porcentaje de eficiencia energética que deben ofrecer según los mínimos de la normativa europea.

Tipo de CertificaciónCarga del 20%Carga del 50%Carga del 100%
80 PLUS PLATINUM92%94%90%
80 PLUS TITANIUM94%96%94%

La Comisión de la Unión Europea ha implementado la Regulación 2019/4241, también conocida como Lot9, que entró en vigor el 1 de marzo de 2020. Esta normativa establece requisitos de ecodiseño para servidores y productos de almacenamiento que buscan ingresar al mercado europeo, estableciendo una serie de requisitos con fecha límite el 1 de enero del 2024.

La meta principal de la Regulación Lot9 es reducir el impacto ambiental asociado con servidores y productos de almacenamiento. Estos componentes representan una parte significativa del consumo de energía en el sector, y según estimaciones de la Comisión Europea, se prevé que el Lot9 logre un ahorro de alrededor de 10 TWh de electricidad anual para el año 2030, equivalente al consumo anual de electricidad de Irlanda, y se espera evitar la emisión de aproximadamente 3,9 millones de toneladas de CO2 anuales para 2030.

¿Qué requisitos establece el Lot9?

La regulación establece requisitos mínimos de eficiencia energética para las fuentes de alimentación, o PSU (Power Supply Unit), estos requisitos varían según el tipo y la potencia nominal. La nueva normativa exige a los fabricantes proporcionar información detallada sobre el consumo de energía y el rendimiento de los productos en una base de datos pública denominada EPREL (European Product Registry for Energy Labelling). Los fabricantes deben ofrecer información sobre las características ambientales y técnicas de los productos en sus sitios web o en la documentación que acompaña a los productos.

¿Y en cómo afecta la normativa en los servidores y cabinas?

  • La eficiencia de las PSU deben cumplir con calificaciones Gold o superiores para las de salida múltiple desde el 1 de marzo de 2020. Y a partir del 1 de enero de 2024, se requerirán calificaciones Platinum o superiores.
  • En el caso de las PSU de salida única, deben cumplir con calificaciones Platinum o superiores desde el 1 de marzo de 2020 y, a partir del 1 de enero de 2024, deberán alcanzar calificaciones Titanium o superiores.

El cumplimiento de los requisitos del Lot9 es una obligación que entró en vigor el 1 de marzo de 2020, aunque algunos aspectos tienen plazos más amplios. No acatar esta normativa puede acarrear multas económicas y, en casos extremos, la retirada del producto del mercado.

Los fabricantes y los usuarios debemos entender y adaptarnos a la nueva normativa, garantizando así la conformidad y colaborando con objetivos ambientales cada vez más relevantes y urgentes.

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